miércoles, 18 de febrero de 2015

Martin Zarza (Tomo I), de Miguel García

Como un payaso esquizofrénico…




Si tuvieras que decidirte si comprar, o no, una novela como Martín Zarza, primerísima publicación de la recién nacida editorial El último dodo, y sólo pudieras leer la primera página, por azares del destino, por pereza, o qué sé yo, posiblemente no la comprarías. Yo sería el primero en no hacerlo. Si te ampliasen el margen de páginas que puedes leer hasta poder completar el primer capítulo, posiblemente tampoco la comprarías. De hecho,  pocas novelas he visto que empiecen más flojas que Martín Zarza. Y sólo eso es lo peor de todo, obviando, por supuesto, alguna que otra errata de corrección, que no impide disfrutar del texto. Porque el problema de esta novela es sólo ese, que mejora, paulatinamente, hasta alcanzar niveles estratosféricos de calidad, hasta dejar una huella en ti, imborrable, un sentimiento de amarga acidez que te atraviesa el alma. Que no te deja indiferente. 

El verano pasado leímos por aquí una novela de Pedro Maestre, ganadora del prestigioso Premio Nadal del año 1996, titulada algo así como Matando dinosaurios con tirachinas, de la que se hizo una minireseña porque no había tampoco mucho que comentar. El caso es que la novela que nos propone Miguel García, primera parte de tres de las cuales estaría compuesta, se da un aire a ésta otra, aunque sin ganar ningún premio, así sonadillo. Y curiosamente le da mil vueltas. En ambas obras los autores se propone describir las relaciones de un individuo con la realidad moderna, sintiendo como ésta le golpea una y otra vez. Si en la novelita de Maestre el protagonista era el mismo Maestre resumiendo su vida diaria, García ni siquiera recurre a un alter ego, o eso creo que le oí decir a él en la presentación del libro, donde me camelaron para que me lo comprara –y la verdad, no me arrepiento (que también podía haber pasado, eh). Miguel crea a un personaje ficticio, que se traslada a Sevilla al heredar un piso, dejando de lado su vida en la capital de España, asumidos (como el Maestre obligado a batallar contra “dinosaurios” sin las armas adecuadas) que sus sueños no se cumplirán jamás. De hecho, Martín, el protagonista, un genio, al parecer, en el campo cinematográfico, dejó hace años su carrera en el cuarto curso, o sea, a las puertas de conseguir el título, para trabajar en una televisión local. De esa relación que lo limitaba creativamente, con un salario de currante, deriva su decisión de distanciarse de todo medio audiovisual. Avergonzado por el cúmulo de aspectos que le repugnan del círculo social al que pertenece, el vinculado a la industria audiovisual, por sus estudios y su trabajo en Manzanares TV, decide mentir en el currículum cuando busca en Sevilla con qué ganarse la vida y evitar, intencionadamente, todo contacto con una película. Otro dato interesante es que el piso que hereda carece de televisión y Martín no pensará en ponerla hasta que no le quede más remedio. El objetivo de Martín viene a ser el de empezar una vida nueva, aprovechando la increíble oportunidad que tiene de ello. Sin embargo, pronto comenzará a tener dificultades, como es esperable. Dificultades económicas, para más inri. 

Su ambientación en otoño de 2010  hace perfectamente comprensible dichas dificultades. Se refleja perfectamente la situación de España en uno de los años más duros de la crisis económica en la que aún estamos inmersos con algunos episodios y comentarios que tienden a llamar al llanto de los lectores. Yo mismo debo reconocer que me he emocionado en varios momentos de la narración. Así pues, es, por tanto, una novela con una importante carga social, más allá de todos los problemas morales, cotidianos, antropológicos y psicológicos que trata. La visión del colectivo, de la sociedad, y la del individuo normal y corriente, de la calle, se funden en Martín Zarza. Porque la obra pretende plasmar la vida y lo hace con bastante soltura. Se produce un dialogismo interno en el personaje principal y un dialogismo externo entre el protagonista y las demás personas con las que interactúa. Incluso se produce un débil dialogismo interno en algunos personajes secundarios interesantes, como Julia. Aunque quizás me pongo un poco cientificista con tanto dialogismo. Lo cierto es que no puede desarrollarse porque el narrador omnisciente sólo en contadas ocasiones se aleja un palmo de Martín.

Otro detalle a tener en cuenta es la estructura de la novela. García alterna los episodios narrados desde la omnisciencia con páginas de un diario que Martín escribe, lo cual, parece ser un gran acierto, porque permite contar cosas que siguiendo sólo uno de los modelos nos resultaría bastante extraño y obligaría, quizás, a desechar material.

Cuando decimos que Martín Zarza aspira a reflejar la vida es porque efectivamente lo que aspira es a reflejar la vida, con sus alegrías y sus penas, con sus risas y sus llantos. Ben Myers dijo en una ocasión a propósito de Todo va bien  (novelita que anda por aquí en casa y que no tardará mucho más en caer) de Socrates Adams que este escritor había conseguido con su obra cruzar repetidamente la línea que separa la alegría del dolor como un borracho al volante. Miguel García no se queda atrás, a pesar de su, repetimos, flojo comienzo. Martín Zarza es como un payaso esquizofrénico en un circo. Te hace reír, y luego llorar, para que acabes llorando mientras ríes.

3 comentarios:

  1. Excelente reseña. Leí Martín Zarza por recomendación de una amiga y me ha parecido una gran novela que, como bien dices, refleja perfectamente este momento de los últimos años con la crisis económica como telón de fondo, junto a la crisis personal del protagonista. Esa mirada cerca y lejos que ha conseguido hacer tan bien Miguel García, llevar la lupa a lo inmediato y alejarse para aumentar el campo de visión. Ojalá tengamos pronto las siguientes partes o la dirección de Miguel por si se olvida de escribirlas. Gracias

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  2. Muy buen post!! Como bien dices merece la pena echar un vistazo :)

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  3. Me parece interesante leer una novela que hable de como una persona se encuentra animicamwnte en la epoca de la crisis. Me muero por leerlo.

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