viernes, 27 de diciembre de 2013

Fin de partida, de Samuel Beckett

"Acabó, se acabó, acabará, quizás acabe."

No, no estoy hablando del fin de año, ni del gobierno del PP, ni de la hegemonía futbolista española, ni de la época de los polvorones y las luces adornando las calles, ni del plan PIVE, ni nada por el estilo. Es más ni siquiera son palabras mías la que hoy abren la entrada de este blog particular conocido como La esquina de ese círculo, que a veces sube cuentos propios, otras reseña películas (rescatando cine de culto olvidado) y otras también comenta lecturas varias. Son palabras de Samuel Beckett, o más concretamente de su personaje Clov, que, con mirada fija y voz monótona, inicia el diálogo en la obra teatral "Fin de la partida". Para comprender este texto o representación primero es necesario saber a qué hace referencia su título a modo de metáfora sobre una muerte acechante e inexorable de todos y cada unos de los seres: Fin de partida (Fin de partie o Endgame) es según Beckett una referencia directa al juego del ajedrez en los últimos instantes de la partida, cuando quedan pocas fichas en el tablero (cuatro personajes tullidos y medio locos, conscientes de que su final está próximo).

La sinopsis, por decir algo, sería más o menos la siguiente: Hamm es un viejo ciego, inválido y propenso a los ataques de cólera que vive en una casa que él cree que está junto al mar, aunque si uno sigue bien la lectura los diálogos parecen sugerir todo lo contrario. Reside en pleno aislamiento de la sociedad junto a Clov, un hombre que, a pesar de odiarlo hasta el punto de desear su muerte, por múltiples razones se ve obligado a cuidarlo y cumplir sus caprichos. Parece que, de alguna forma, Clov también padece la enfermedad de Hamm, pues en un cierto momento de la obra, éste le dice:

"HAMM: En mi casa. (Pausa. Profético y voluptuoso.) Un día te quedarás ciego. Como yo. Estarás sentado en cualquier lugar, pequeña plenitud perdida en el vacío, para siempre en la oscuridad. Como yo. (Pausa.) Un día te dirás: estoy cansado, voy a sentarme, y te sentarás. Luego te dirás: tengo hambre, voy a levantarme y a prepararme comida. Pero no te levantarás. Te dirás: no debí sentarme, pero ya que estoy sentado, me quedaré sentado un poco más, luego me levantaré y me prepararé la comida. (Pausa.) Mirarás un rato a la pared y luego te dirás: quiero cerrar los ojos, quizás duerma un poco, luego todo irá mejor, y los cerrarás. Y cuando los vuelvas a abrir la pared habrá dejado de existir. (Pausa.) La infinitud del vacío te rodeará, los muertos de todos los tiempos, resucitados, no lo llenarán, y te serán como una piedrecita en medio de la estepa. (Pausa.) Sí, un día sabrás lo que es esto, serás como yo, sólo que tú no tendrás a nadie, porque tú no habrás tenido piedad de nadie y ya no habrá nadie de quien tener piedad."



La obligación de cuidar a Hamm hasta su muerte le lleva en ocasiones a Clov a pensar en su propia muerte. En sí misma toda la obra es un debate sobre ese tema.

"HAMM: ¡Si pudiera arrastrar hasta el mar! Me haría una almohada con la arena y la marea subiría."

Clov lo desalienta, ya no puede esperar una muerte bella:

"CLOV: Ya no hay mareas."

Como contrapunto de algún modo, Beckett nos dibuja a los personajes de Nell y Nagg, madre y padre de Hamm que viven en dos cubos de basura dentro de la habitación. Como Hamm, ambos son ciegos y no tienen piernas, en ocasiones aparecen en escena para pedir comida. Así se crea una cadena de dependencia entre Clov, Hamm y sus padres. Los diálogos entre Hamm y sus padres le sirven a Beckett para mostrarnos la brutalidad de la psicología de Hamm y de la situación. Hamm hace a su padre continuamente culpable de su dolor.



Yo, para ser sincero, nunca he sido, como se dice, mucho de obras de teatro. Sin embargo, tengo que reconocer que la brutalidad de las escenas, su profundo entramado psicológico y metafórico, su mundo angustioso y asfixiante es obra particular de un maestro de la literatura que hasta ahora desconocía por completo y que con "Fin de Partida" me ha conquistado: el irlandés Samuel Beckett.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Un Kafka japonés: análisis de una lectura de "Hombres salmonela.." y "Estoy desnudo", de Yasutaka Tsutsui


¡Sí! ¡Han oído bien! ¡El Kafka japonés!


Fue para mí una sorpresa encontrar en la biblioteca de mi facultad un libro con un título tan rimbombante y tan infumable como "Hombres salmonela en el planeta Porno", pero más sorpresa aún fue cuando, tras echarle un ojo a las críticas que había dejado la editorial y a la breve biografía de su autor, Yasutaka Tsutsui, decidí llevármelo para mi casa y leerlo tranquilamente para descubrir lo que es sin duda una de las mejores recopilaciones de cuentos de la edad contemporánea, heredera del mismísimo Kafka (quien no se lo crea que lea cuentos tan diversos como "El límite de la felicidad" o "El último fumador"). Yasutaka, que quería ser actor cómico en su juventud, bebió en la universidad del surrealismo, mientras estudiaba Bellas Arte, para mostrarnos una parodia brutal de la sociedad en la que nos hallamos inmersos (dónde los medios de comunicación nos apabullan y son capaces de controlar a grandes masas de personas, dónde la corrupción política y la negativa de los dirigentes a dar su brazo a torcer, a admitir equivocaciones, los conduce a ellos y a la sociedad a la destrucción, dónde el trabajo se convierte en algo más importante que la propia vida, dónde el hombre está sólo y desprotegido en la sociedad y cualquiera puede morir en cualquier momento, etcétera).



 Tsutsui carga sus cuentos de un humor que, sobre todo, puede apreciarse con mayor fuerza en la segunda recopilación que hacen en España de sus cuentos ("Estoy desnudo", Editorial Atalanta). No obstante, ese humor lo contrarresta velozmente con un golpe dramático con el que suele acabar sus relatos, casi siempre. En "Estoy desnudo", para mí el mejor cuento de la recopilación del mismo nombre, todo es profundamente cómico: un hombre está haciendo el amor con una mujer casada en un hotel cuando un incendio los sorprende y tienen que huir. Mientras que al protagonista, también narrador (técnica que domina mejor que el narrador en tercera persona y que parece que, por tanto, emplea más), consigue vestirse, su amante sólo consigue salir del edificio con unas bragas y un sujetador. Cuando el protagonista le deja sus pantalones y su chaqueta para que no pase frío, porque era pleno invierno, ésta se larga en un taxi sin él. En la chaqueta llevaba su teléfono y su cartera. Su casa está a diez horas andando. Además, ha cenado, para colmo, algo en mal estado y se está cagando en lo alto. No puede ir a la policía porque explicar la situación podría hacerle perder su empleo. Es oficialmente un pringado. El pringado más grande de Japón. A partir de aquí comienza un increíble y cómico relato en el que, en palabras de Palahniuk, veremos como todo es "un apaño para tapar un apaño para tapar un apaño", hasta que el agujero sea demasiado grande como para taparlo con algo. Lo que en principio es un relato cómico acaba por convertirse en una parodia de la invulnerabilidad del ser humano como individuo frente a la sociedad (tema que se repite en otros cuentos como en "El último fumador" y "El mundo se inclina", tema que también desarrolló Franz Kafka en sus novelas inacabadas) y de lo profundamente sencillo que es perderlo todo de la noche a la mañana. 



Por otra parte, al "gurú de la metaficción", apodo con el que se conoce en su país a este excelente escritor, se empezó a considerar en sus inicios como escritor de ciencia ficción. Para ello le sirvió de gran ayuda que su padre fuese biólogo. De su imaginación en esa órbita nació una novela conocida mundialmente por su adaptación cinematográfica (¿A alguien le suena "Paprika"?). Cuentos como "Articulaciones", "El peor contacto" o el relato largo de título infumable "Hombres salmonela en el planeta Porno" las podemos encontrar enmarcadas en esa categoría porque recurre a planetas ficticios y a sociedades extraterrestres humanoides para desarrollar reflexiones filosóficas y críticas de algunos aspectos de la sociedad actual. Y es que podemos afirmar que de un modo un tanto cómico "Hombres salmonela en el planeta Porno" podría ser una apología un tanto hippie del sexo y del amor frente a la lucha entre individuos de una sociedad, o de un ecosistema. En el planeta Porno no hay animales y, sin embargo, Tsutsui crea ecosistemas, y lo explica de manera bastante coherente, donde no se da una superpoblación de especies y ni desaparecen otras. El ciclo de la cadena alimenticia se produce mediante el sexo. E, insisto, aunque pueda sonar a broma, el tío te lo justifica y todo acaba cobrando sentido. Aún así, no es lo mejor de su primera recopilación de cuentos. Pero, tanto un libro como el otro son totalmente recomendable para cualquier lector que gusta de asomarse a ese mundo que llamamos posmodernidad literaria.



Si te interesó esta entrada puede que también te interese:




martes, 17 de septiembre de 2013

Fragmento de Superviviente, de Chuck Palahniuk

Fragmento de Superviviente, de Chuck Palahniuk

  

                                                                40




Esta noche las llamadas llegan como cada noche. Fuera hay luna llena. La gente está dispuesta a morir por las notas del colegio. Por las riñas familiares. Por problemas con el novio. Por lo cutre que es su trabajo. Todo mientras intento preparar un par de costillas de cordero robadas.

   La gente hace llamadas interurbanas y la operadora me pregunta si acepto una llamada a cobro revertido de no sé qué fulano.

   Esta noche ensayo una forma nueva de comer salmón en croûte, un gesto de muñeca de lo más sexy, un floreo de nada con la que la gente para la que trabajo pueda impresionar al resto de invitados en la próxima cena. Un truco de sobremesa. Viene a ser el equivalente en etiqueta a los bailes de salón. Ahora estoy perfeccionando una técnica muy vistoza para meterse las cebolletas con crema en la boca. Casi tengo dominada la técnica de rebañar toda la crema de salvia cuando de nuevo suena el teléfono.

   Llama un tío para decir que va a suspender segundo de álgebra.

   Para no perder la práctica, le digo que se suicide.

   Llama una mujer y me cuenta que sus hijos no se comportan.

   Sin que me tiemble el pulso le digo que se suicide.

   Llama un hombre para decir que su coche no arranca.

   Suicídate.

   Llama una mujer para preguntar a qué hora empieza la sesión de noche.

   Suicídate.

   Ella pregunta:

   -¿No es éste el 555 1327? ¿Es el multicine Moorehouse?

   Yo le digo: suicídate. Suicídate. Suicídate.

    Llama una chica y pregunta:

    -¿Duele mucho morirse?

   Pues sí, cariño, le digo, pero más duele seguir viviendo.

   -Era curiosidad -me dice-. La semana pasada se suicidó mi hermano.

   Ésta tiene que ser Fertility Hollis. Le pregunto qué edad tenía su hermano.

   -Veinticuatro -me dice, sin llorar ni nada. Ni siquiera suena muy triste.

   Su voz me hace pensar en su respiración me hace pensar en sus pechos.

   Epístola I a los Corintios, capítulo sexto, versículo dieciocho:

   "Huid de la fornicación..., el que fornica peca contra su propio cuerpo."

   En esta voz mía, nueva, más profunda, le pregunto cómo se siente.

   -Pues en lo que a oportunidad se refiere -dice-, no llego a decidirme. El semestre de primavera se acaba, y mi trabajo me da cien patadas. Se me acaba el contrato del apartamento. La ITV del coche expira la semana que viene. Si lo hago alguna vez, éste no sería mal momento para suicidarse.

   Hay muchos motivos para vivir, le digo, y ruego por que no me pida una lista. Le pregunto si no hay nadie que comparta su dolor por lo de su hermano. ¿Algún antiguo amigo de su hermano que le ayude a serenarse ante esta tragedia?

   -Pues no.

   Le pregunto si  no hay nadie que vaya a la tumba de su hermano.

   -No.

   Le pregunto si de verdad nadie. ¿Nadie le lleva flores a su tumba? ¿Ni un solo amigo?

   -No.

   Desde luego, causé sensación.

   -No -dice-. Espera. Sí que había un tío raro.

   Genial. Ahora soy raro.

   Le pregunto qué quiere decir con lo de raro.

   -¿Recuerdas a la gente de aquella secta que se suicidaron todos? -me dice-.Fue hace siete u ocho años. Toda la gente de la ciudad que fundaron se reunió en la iglesia y bebió veneno, y el FBI se los encontró muertos en el suelo y cogidos de las manos. Ese tío me los recordó. No tanto la ropa de capullo que llevaba, pero tenía el pelo como si se lo cortara él mismo con los ojos cerrados.

   Fue hace diez años, y lo único que quiero ahora es colgar.

   II Paralipómenos, capítulo veintiuno, versículo diecinueve:

   "... se le salieron a Joram las entrañas..."

   -Hola -dice-. ¿Sigues ahí?

   Sí, le digo, ¿qué más?

   -Nada más -dice.-. Estaba frente a la cripta de mi hermano con un gran ramo de flores.

   Lo ves, le digo. Ése es el tipo de persona a la que tienes que acudir en época de crisis.

   -No creo -me dice.

   ¿Estás casada?, pregunto yo.

   -No.

   ¿Sales con alguien?

   -No.

   Pues entonces intenta conocer a ese tipo, le digo. Dejad que la pérdida común os acerque el uno al otro. Éste podría ser el romance de tu vida.

   -No creo -dice-. Para empezar, tú no lo has visto. A ver, siempre me pregunté si mi hermano no sería homosexual, y el rarito ese con las flores ha confirmado mis sospechas. Además, tampoco era muy atractivo.

   Libro de la Lamentaciones, capítulo segundo, versículo once:

   "...Mis entrañas hierven, derrámese en tierra mi hígado..."

   Yo le digo que si se hiciera un buen corte de pelo... Podrías ayudarle. Pulirlo un poco.

   -No creo -dice-. El tío es feo pero a rabiar. Tiene un corte de pelo horrible, con dos patillas que le llegan casi hasta la boca. No es como cuando los tíos usan el vello facial como las mujeres el maquillaje, sabes, para ocultar que tienen papada o que no tienen pómulos. Ese tío no tiene un rasgo decente que pulir. Está eso, y luego que es marica.

   Primera Epístola a los Corintios, capítulo once, versículo catorce:

   "¿Y no os enseña la misma naturaleza que el varón se afrenta si se deja crecer su caballera?"

    Le digo que no tiene pruebas de que sea sodomita.

    -¿Qué pruebas te hacen falta?

   Le digo que le pregunte. ¿Tiene que verlo alguna otra vez?

   -Bueno -dice-. le dije que le vería frente a la cripta la semana que viene, pero no sé. No era en serio. La verdad es que casi lo dije para quitármelo de encima. Era tan mísero y tan patético... Me estuvo siguiendo por el mausoleo una hora entera.

    Pero aún así tendrás que verle, le digo. Se lo has prometido. Piensa en tu pobre hermano, en Trevor. ¿Qué pensaría Trevor si ella dejase tirado a su único amigo?

   Ella pregunta:

   -¿Cómo sabes su nombre?

   ¿El nombre de quién?

   -De mi hermano Trevor. Has dicho su m¡nombre.

   Lo habrás dicho tú primero, le digo. Lo has dicho hace nada. Trevor. Veinticuatro años. Se suicidó la semana pasada. Homosexual. Puede. Tenía un amante secreto que te necesita desesperadamente para llorar en tu hombro.

   -¿Con todo eso te has quedado? Sí que sabes escuchar -dice ella-. Estoy impresionada. ¿Qué aspecto tienes tú?

   Feo, le digo. Repulsivo. Pelo feo. Feo pasado. No te gustaría una pizca.

   Le pregunto sobre el amigo, quizás amante, o viudo, de su hermano: ¿piensa volver a verlo la semana que viene, como le prometió?

   -No sé -me dice-. Puede. Quedaré con el bobo ese si ahora tú haces algo por mí.

   Pero recuerda, le digo. Tienes la oportunidad de marcar una profunda diferencia en la soledad de otra persona. Tienes una magnífica oportunidad de aportar amor y cariño a un hombre que necesita desesperadamente de tu amor.

   -A la mierda el amor -dice, y su voz cae para unirse a la mía-. Di algo que me ponga cachonda.

   No sé de qué habla.

   -Sí que sabes de qué hablo.

   Génesis, capítulo tercero, versículo doce:

   "... la mujer que me diste por compañera me dio del árbol y comí."

   Oye, le digo. No estoy solo. Tengo alrededor a un montón de abnegados volutarios dando lo mejor de sí.

   -Venga -dice ella-. Chúpame las tetas.

   Le digo que se está aprovechando de mi naturaleza de por sí amable y abnegada. Le digo que tendré que colgar.

   Ella dice:

   -Cómeme entera.

   Le digo que voy a colgar.

   -Más fuerte -dice ella-. Dame más fuerte. Más fuerte, fóllame más fuerte.

   Se ríe y dice:

   -Chúpame. Chúpame. Chúpame. Chupa. Me.

   Le digo que voy a colgar. Pero no cuelgo.

   -Sabes que lo deseas. Dime qué es lo que quieres que haga. Sabes que quieres. Hazme hacer algo terrible.

   Y antes de que me la pueda sacar, Fertility Hollis lanza un aullido entrecortado de reina del porno del orgasmo.

   Y cuelgo.

   I Timoteo, capítulo cinco, versículo quince:

   "Porque algunas ya se han extraviado en pos de Satanás."

   Me siento impuro y usada, sucio y humillado. Sucio y burlado y descartado.

   Y suena el teléfono. Es ella. Tiene que ser ella, así que no cojo el teléfono.

   Durante toda la noche el teléfono suena, y yo me quedo sentado y me siento engañado y no me atrevo a cogerlo.

SUPERVIVIENTE, Chuck Palahniuk

Más textos del autor en este blog:

Fragmento de Monstruos Invisibles, de Chuck Palahniuk

Y sobre el tema del suicidio en la actualidad, ahí va la canción quizás más alegre y despreocupada sobre este tema:

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Fragmento de Monstruos invisibles, de Chuck Palahniuk

Fragmento de Monstruos Invisibles, de Chuck Palahniuk


   No hay coches aparcados en los alrededores del Seattle Center; la gente está en casa viendo la televisión, o siendo televisión en el caso de los que crean en Dios.

   -Quiero enseñaros dónde terminó el futuro -dice Seth-. Quiero que seamos de los que eligen el viaje.

   Según Seth, el futuro terminó en 1962, en la Feria Mundial de Seattle. Ahí termina todo lo que debíamos heredar: el hombre llegó a la luna en esa década del milagro del amianto, de la energía nuclear y el combustible fósil; la era espacial, cuando podías subir a visitar el apartamento-platillo volante de los Supersónicos y montarte en el monorraíl para ir al centro de la ciudad y comprarte una gorrita de moda, de esas tan divertidas.

   Todas las esperanzas, investigaciones, ciencia y glamour están ahora en ruinas:

   El Space Needle.

   El Centro de la ciencia, con sus cúpulas caladas y sus globos colgando.

   El monorraíl, que pasa como un rayo cubierto de aluminio pulido.

   Así es como se suponía que iban a ser nuestras vidas.

   Vayamos. Hagamos el viaje, dice Seth. Se os romperá el corazón, porque los Supersónicos, con su criada robot, Rosie, y sus coches voladores y sus camas tostadoras que te tiran al suelo por la mañana, es como si le hubiesen subarrendado el Space Needle a los Picapiedra.

   -Os acordáis, ¿verdad? -dice Seth-. De Pedro y Vilma. El cubo de la basura es un cerdo que vive debajo del fregadero. Y los muebles están hechos con huesos y piedras, y las lámparas son de piel de tigre. La aspiradora de Vilma es un bebé elefante. Su hijita se llama Pebbles.

   Aquí estaba nuestro futuro de comida de queso y aerosoles, de polietileno y Club Med en la luna, de rosbif servido en un tubo de pasta de dientes.

   -El Tang -dice Seth-, el desayuno de los astronautas. Y ahora la gente viene aquí con sandalias de cuero hechas por ellos mismos. Sus hijos se llaman Jonás o Moisés, como en el Antiguo Testamento. Las lentejas son como de otro mundo.

   Seth sorbe los mocos y se seca las lágrimas de los ojos con una mano. Es el Estrace. Debe de estar poniéndose premenstrual.

   -La gente que ahora va al Space Needle tiene puestas las lentejas en remojo en casa y pasea entre las ruinas del futuro como los bárbaros cuando encontraron las ruinas griegas y pensaron que seguramente las había construido Dios.

   Seth aparca bajo una de las tres patas del Space Needle. Salimos y miramos las patas que suben hasta el Space Needle, el restaurante de abajo, el de arriba que gira, y la terraza mirador en lo alto. Luego las estrellas.

MONSTRUOS INVISIBLES,Chuck Palanhuik

jueves, 29 de agosto de 2013

Fragmento de El tambor de hojalata, de Günter Grass

Fragmento de El tambor de hojalata, de Gunter Grass




Bruno Münsterberg —éste es, hablando ahora en serio, el nombre de mi enfermero— compró para mí quinientas hojas de papel de escribir. Si esta provisión resultara insuficiente, Bruno, que es soltero, sin hijos y natural de Sauerland, volverá a ir a la pequeña papelería, en la que también venden juguetes, y me procurará el papel sin rayas necesario para el despliegue exacto, así lo espero, de mi capacidad de recuerdo. Semejante servicio nunca habría podido solicitarlo de mis visitantes, de mi abogado o de Klepp, por ejemplo. Sin la menor duda, el afecto solícito hacia mi persona habría impedido a mis amigos traerme algo tan peligroso como es el papel en blanco y ponerlo a disposición de las sílabas que incesantemente segrega mi espíritu.

Cuando le dije a Bruno: —Oye, Bruno, ¿no querrías comprarme quinientas hojas de papel virgen?— Bruno, mirando al techo y apuntando con el índice en la misma dirección en busca de un término de referencia, me respondió: —Querrá usted decir papel en blanco, señor Óscar.

Yo insistía en la palabreja «virgen» y le rogué a Bruno que así lo pidiera en la tienda. Cuando regresó al anochecer con el paquete, me pareció que venía agitado por no sé qué pensamientos. Miró varias veces fijamente hacia el techo, de donde acostumbra derivar todas sus inspiraciones, y algo más tarde manifestó: —Me aconsejó usted la palabra correcta. Pedí papel virgen y la dependienta se puso colorada antes de traérmelo.

Temiendo una conversación prolongada a propósito de las dependientas de las papelerías, me arrepentí de haber llamado virgen al papel, guardé silencio, esperé a que Bruno saliera del cuarto, y sólo entonces abrí el paquete con las quinientas hojas.

Durante un rato, pero no mucho, estuve levantando y sopesando el paquete poco flexible. Luego conté diez hojas y guardé el resto en la mesita de noche; la estilográfica la encontré en el cajón, al lado del álbum de fotos. Está llena, no me faltará tinta: ¿cómo empiezo?
Uno puede empezar una historia por la mitad y luego avanzar y retroceder audazmente hasta embarullarlo todo. Puede también dárselas uno de moderno, borrar las épocas y las distancias y acabar proclamando, o haciendo proclamar, que se ha resuelto por fin a última hora el problema del tiempo y del espacio. Puede también sostenerse desde el principio que hoy en día es imposible escribir una novela, para luego, y como quien dice disimuladamente, salirse con un sólido mamotreto y quedar como el último de los novelistas posibles. Se me ha asegurado asimismo que resulta bueno y conveniente empezar aseverando: Hoy en día ya no se dan héroes de novela, porque ya no hay individualistas, porque la individualidad se ha perdido, porque el hombre es un solitario y todos los hombres son igualmente solitarios, sin derecho a la soledad individual, y forman una masa solitaria, sin hombres y sin héroes. Es posible que en todo eso haya algo de verdad. Pero en cuanto a mí, Óscar, y en cuanto a mi enfermo Bruno, quiero hacerlo constar claramente: los dos somos héroes, héroes muy distintos sin duda, él detrás de la mirilla y yo delante; y cuando él abre la puerta, pese a toda la amistad y a toda la soledad, no por eso nos convertimos, ni él ni yo, en masa anónima y sin héroes



lunes, 19 de agosto de 2013

Agua salvaje, de Tristan Tzara

Agua Salvaje, de Tristan Tzara

 los dientes hambrientos del ojo
cubiertos de hollín de seda
abiertos a la lluvia
todo el año
el agua desnuda
oscurece el sudor de la frente de la noche
el ojo está encerrado en un triángulo
el triángulo sostiene otro triángulo


el ojo a velocidad reducida
mastica fragmentos de sueño
mastica dientes de sol dientes cargados de sueño


el ruido ordenado en la periferia del resplandor
es un ángel
que sirve de cerradura a la seguridad de la canción
una pipa que se fuma en el compartimiento de fumadores
en su carne los gritos se filtran por los nervios
que conducen la lluvia y sus dibujos
las mujeres lo usan a modo de collar
y despierta la alegría de los astrónomos


todos lo toman por un juego de pliegues marinos
aterciopelado por el calor y el insomnio que lo colora


su ojo sólo se abre para el mío
no hay nadie sino yo que tenga miedo cuando lo mira
y me deja en estado de respetuoso sufrimiento
allí donde los músculos de su vientre y de sus piernas inflexibles
se encuentran en un soplido animal de hálito salino
aparto con pudor las formaciones nubosas y su meta
carne inexplorada que bruñen y suavizan las aguas más sutiles

 

jueves, 25 de julio de 2013

La alcoba y el tiempo, de Joaquín Caro Romero

La alcoba y el tiempo, de J. Caro Romero

Se diría que el tiempo
no sale de esta alcoba,
que es más bien el espacio
quien se mueve y se transforma.

Cuatro paredes. Unos
zapatos en la alfombra
vacíos. Un espejo.
Una bombilla rota...

Se diría que el tiempo
no pasa cuando gozan
los dioses. Se diría
que es eterna la rosa.

Cuántos niños suplican
nombre y ser en la alcoba
hijos del viento impuro
y ceniza honda.

Se diría que el tiempo
no se da ni se toma,

que el tiempo es como el vino
recogido en la copa,
desgraciado en el suelo
y feliz en la boca.

lunes, 22 de julio de 2013

Breve reseña sobre "Fantasmas contra extraterrestres" de Javier Avilés y algunos aforismos.

Reseña de "Fantasmas contra extraterrestres" de Javier Avilés

Puede parecer que a simple vista un relato que se titula "Fantasmas contra extraterrestes" haya sido escrito solamente para saciar a un público más bien conformista. Puede incluso parecer comercial, pero... ¡las apariencias engañan! Y que en un principio parece literatura fácil deja de serlo para convertirse en un divertido debate filosófico encubierto sobre la naturaleza del ser. ¿Son las cosas como creemos que son o es nuestra visión las que las transforma en algo que pueda entenderse? ¿Cómo describirías a un extraterrestre? ¿Es en sí mismo descriptible? Y, mientras que lo describimos, ¿no lo estamos condicionando a nuestra perspectiva? ¿No lo humanizamos de esa forma?

Dentro del relato "Fantasmas contra extraterrestres" es el videojuego preferido del protagonista, un carpintero que un día se embarca en un navío. El juego comienza con una invasión alienígena, los humanos impotentes ante el arsenal enemigo, presas del terror, se suicidan. Los fantasmas de los suicidas comienzan poco a poco a mermar el ejército extraterrestre hasta que sólo permanece con viva en la superficie terrestre el personaje del jugador, quien debe investigar a las criaturas sobrenaturales.

En el relato, en el cual se desarrollan dos historias paralelamente (la del juego y la de la vida, llamémosle real, del carpintero), se nutre de autores (el escritor no tiene problemas en mencionarlo) como Stanlav Lem, James Joyce o Edgar Allan Poe (sobre todo de éste último), y lo cierto es que Javier Avilés no tiene nada que envidiarle a estos grandes maestros. Se despliega un dominio espectacular de la frase corta. Todo en él es dinamismo.


Algunos aforismos curiosos:

"La muerte es el escenario narrativo. Toda narración es un descenso al infierno."

"En internet nadie sabe que soy un perro."

"La descripción mata al monstruo y lo convierte en un adorable muñeco de peluche."

Puedes leer el relato en el blog de su autor: http://ellamentodeportnoy.blogspot.com.es/2013/07/fantasmas-contra-extraterrestres.html

 

viernes, 12 de julio de 2013

Historia fantástica, de Marco Denevi


Historia fantástica, de Marco Denevi


Cuenta fray Jerónimo de Zúñiga, capellán de la prisión del Buen Socorro, en Toledo, que el 7 de junio de 1691 un marinero natural de las Indias Occidentales, de nombre Pablillo Tonctón o Tunctón, de raza negra, condenado al auto de fe por brujo y otros crímenes contra Dios, se evadió de la cárcel y de ser quemado vivo pidiendo a sus guardianes, tres días antes de marchar a la hoguera, una botella y los elementos necesarios para construir un barco en miniatura encerrado dentro del frasco. Los guardianes, aunque el tiempo de vida que le quedaba al reo era tan breve, accedieron a sus deseos. Al cabo de los tres días el diminuto navío estaba terminado en el interior del vidrio. La mañana señalada para la ejecución del auto de fe, cuando los del Santo Oficio entraron en la celda de Pablillo Tonctón, la encontraron vacía lo mismo que la botella. Otros condenados que aguardaban su turno de morir afirmaron que la noche anterior habían oído un ruido como de velas, chapoteo de remos y voces de mando.

(De Falsificaciones)
 


Texto encontrado en http://dueloliterae.blogspot.com.es/

lunes, 1 de julio de 2013

Mientras en tu oficina respiras, de Carlos Bousoño

Ya sea cruel o bucólica, cuando la imaginación del lector y del escritor comienza a funcionar es jodidamente imposible detenerla. Inmerso en un papel imagina mundos extraños, historias ajenas, hechos asombrosos y no tan formidables. En este poema de Las monedas contra la losa Bousoño imagina macabro que imagina un hombre mientras escribe. También puede significar lo dificultoso de escribir, pues... bueno, mejor será que lo averigüéis vosotros mismos.






Mientras en tu oficina respiras



Mientras en tu oficina respiras, bostezas, te abandonas, o dictas en clase una lección
ante extraños alumnos que fijamente te contemplan, con sueño aún en la temprana hora;
mientras hablas, mientras gesticulas en el café,
o inmóvil te concentras en la meditación
de tu escritorio, o echado en el hondo diván
repasas lentamente recuerdos de tu vida; mientras
      quieto te abismas en la visión de la llanura interminable,
      o mientras escribes una lenta palabra te recreas en su dulce sonido,
      en su amorosa realidad,

caes, estás cayendo hacia atrás por una quebrada del monte,
estás rodando entre piedras y cardos por la abrupta pendiente
hacia un barranco en el que corre un río,
rápido como el viento un río corre,
estás herido en la boca, en las manos, el pecho,
sangras por un oído, te despeñas por el farallón
cabeza abajo,
con las piernas en abierto compás,
hacia el fondo, ya con los huesos rotos,
crispadas mano y boca, hacia el abismo, abajo,
súbitamente próximo,
escribes la palabra lentamente, te concentras, murmuras, en el café discutes, muy despacio sonríes,
       adelantas una noble razón,
aduces un adorno, un tejido, un recamado oro,
hablando en la tarima de tu clase diserta,

donde todos están cabeza abajo.

viernes, 28 de junio de 2013

Nocturno, de Rafael Alberti

 




Nocturno


Está vacía Roma, de pronto. Está sin nadie.
Sólo piedras y grietas. Soledad y silencio.
Hoy la terrible madre de todos los ruidos
yace en mi callada igual que un camposanto.
Como un borracho, a tumbos, ando no sé por dónde.
Me he quedado sin sombra está a oscuras.
La busco y no la encuentro. Es la primera noche
de mi vida que la sombra ha huido de mi lado.
No adivino las puertas, no adivino los muros.
Todo es una inmensa catacumba cerrada.
Ha muerto el agua, han muerte las voces y los pasos.
No sé quién soy e ignoro hacia dónde camino.
Roma me sabe a sangre y a borbotón la escupo.
Cruje, salta, se rompe, se derrumba, se cae.
Sólo un hoyo vacío me avisa en las tinieblas
lo que me está esperando.

(Roma, peligro para los caminantes)

viernes, 17 de mayo de 2013

El hombre imaginario

He aquí uno de mis poemas favoritos del poeta y antipoeta Nicanor Parra.

El hombre imaginario

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario
 
De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios
 
Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios
 
Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario
 
Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario
NICANOR PARRA





















Aquí dejo también la traslación de las letras al mundo de las imágenes que una curiosidad detestivesca ha podido pescar en la mar.


martes, 14 de mayo de 2013

Cuaderno de Bitácora: Día Uno

¿Cómo podría empezar este blog? Esa es la pregunta que ahora mismo no puedo dejar de plantearme. Pero no es una pregunta que me deje sin respuestas. Al contrario, porque se me ocurren muchas. Me gustaría tomarme este blog como algo con vida propia, como un cuaderno de bitácora que reflejase los desvelos del capitán que lo redacta.Mmm... ¡Sí!, creo que así lo empezare. Sin duda ya. Con un soplo de creatividad. Porque en el fondo este blog será eso: una traslación a la "nube" de los pensamientos y las historias de este insomne aprendiz de escritor anónimo. Así pues, aquí viene algo improvisado como florido de un saxofón en un oscuro club a altas horas de la madrugada. Una breve historia de dónde me encuentro ahora y del otro por qué del blog:

Este blog hace mucho no era naúfrago, pero un día cayó al mar virtual. En esas frías y caóticas aguas le persiguieron fieras troyanas. Pero, por suerte para él logró refugiarse en una pequeña isla. Los aborígenes que allí había le dijeron con gestos que desgraciadamente no podían comunicarse con el exterior. Dudaban incluso de la verdadera existencia de otras islas. El blog preguntó si por algún casual había wi-fi por allí. La respuesta fue obvia. Sin embargo, el blog siguió publicando, con más ahínco que nunca, más para sí mismo y para aquella apestada tribu del globo que para el resto del mundo que lo había abandonado.