viernes, 18 de agosto de 2017

El núcleo del disturbio, de Samanta Schweblin






El núcleo del disturbio es el primer libro de cuentos de la argentina Samanta Schweblin. Al igual que muchos otros de su país, Schweblin es una excelente cuentista de lo neofantástico y goza de una gran fluidez en la expresión, así como de un fuerte y marcado carácter simbólico en los temas que trata. El núcleo del disturbio está compuesto por doce cuentos titulados:


  • Hacia la alegre civilización de la capital
  • Matar a un perro
  • Mujeres desesperadas
  • Adaliana
  • La pegajosa baba de un sueño de revolución
  • El destinatario
  • Agujeros negros
  • Mismo lugar
  • El momento
  • La verdad acerca del futuro
  • Más ratas que gatos
  • La pesada valija de Benavides



Cada uno se centra a su manera en explicar metafórica y literariamente qué es lo que da origen a los problemas, entendiéndolos en su faceta más general y humana. Comentaremos brevemente cada uno de ellos, centrándonos especialmente en su dimensión temática. 


Hacia la alegre civilización de la capital es un relato kafkiano sobre la familia y la independencia donde se habla sobre el miedo a dejar el nido y adentrarse en lo desconocido, contemplando al mismo tiempo el tedio de continuar en dicho nido y la coartación de la libertad que permanecer en la cuna implica. Schweblin nos pincela relaciones amor-odio con las figuras paternas y nos explica un posible origen del sentimiento de nostalgia. Al mismo tiempo se trabaja la complejidad de la dicotomía campo/ciudad.


Por su parte, Matar a un perro trata sobre la inhumanidad del acto de matar a un perro. En él el narrador va a someterse a una prueba de una mafia para poder ingresar en ella. Deberá matar a un perro, pero lo que puede parecer una tarea sencilla en teoría acaba resultando más complicado de lo que uno espera.


Si Matar a un perro es un relato más o menos realista, con Mujeres desesperadas vuelve la Schweblin onírica, kafkiana y mágica. En este relato se habla sobre el dolor de las mujeres al ser tratadas como objetos de usar y tirar por parte de los hombres. Es una clara denuncia a una sociedad patriarcal donde las mujeres parecen valer sólo si tienen a un hombre que las proteja. Mientras que entre hombres hay una clara camaradería, entre mujeres, el dolor provocado por el juego patriarcal las lleva a luchar por crear una nueva jerarquía entre ellas. Pronto, las mujeres descubrirán que la única forma de escapar de la situación es no aceptar el juego y actuar unidas.


Adaliana es otro relato contra la violencia machista en el que se muestra a las mujeres como víctimas y cómplices del patriarcado. Escudero tiene a su servicio a un edificio lleno de mujeres a las que violará hasta que alguna de ellas se quede embarazada. Adaliana deberá sentir con dolor como en ella germina esta semilla de la violencia.


La pegajosa baba de un sueño de revolución trata sobre la lucha por la libertad o por una ampliación de la libertad de un mismo. Se nos muestra como en un bar se produce diariamente una pelea cuando van a dar la hora del cierre. La lucha por la ampliación de la libertad se vuelve adictiva y lejos de darnos lo que tanto ansiamos parece sólo servir para extender el conflicto.


El destinatario es, por otro lado, un relato alegórico sobre un viaje sin retorno en el que un simple y extraño encargo se convierte en una trampa.


 Con Agujeros negros nos llega la pregunta de dónde nos ubicamos cada uno en esta sociedad posmoderna. Es uno de los relatos más enigmáticos. Una tríada de personajes se teletransporta porque sí a lugares en los que ya han estado. Estas teletransportaciones repentinas se tratan como una enfermedad, porque hasta cierto punto son incómodas y molestas y no nos permiten avanzar.


Mismo lugar es un extraño relato pesadillesco en el que el narrador revive una y otra vez las pérdidas de su hija y su amante, así como el error en lo que parece ser una importante misión de espionaje. Escoja la opción que escoja no puede evitar la asfixia. Tanto este relato como el anterior recuerdan mucho al Virgilio Piñera de Cuentos fríos


El momento es un lugar que le recomienda su médico a Ernesto para desestresarse. Este es dirigido por Dios, un tío por lo demás bastante humano. El Momento es una especie de atracción turística que sirve de símbolo para ese milagro de “te ibas a morir pero no”, que Dios utiliza para vender souvenirs, pero también para que las personas se traten mejor entre sí. El Momento es mantenido de noche por Boris Vian y de día por Jean Paul Sartre. Ya os podéis imaginar las altas dosis de humor que tiene esto. En mi opinión, es junto con el último relato el mejor elaborado de la recopilación. 


La verdad acerca del futuro trata sobre lo difícil que es dejar el pasado atrás y avanzar en medio de la incertidumbre. También trata de la complejidad de las relaciones humanas, que son movidas por el interés, el temor, el dolor y el amor.


En Más ratas que gatos se nos habla de cómo los conflictos nacen en el momento en que las personas creen que hacen lo correcto y chocan. Schweblin nos sitúa primero en un pasteloso escenario de bondad para luego mostrarnos la chispa que desencadena la catástrofe que nos lleva a la pregunta final: ¿mereció la pena? 


El último de los cuentos es La pesada valija de Benavides. Se construye como una crítica a la normalización de la violencia de género y a las ideas patriarcales que mal cimientan la industria cultural contemporánea. La mujer de Benavides es tratada como objeto por los personajes centrales masculinos. Mientras que Benavides le da un valor de uso (afectivo), Corrales y Donorio le dan valor de cambio (abuso económico). La economía, escusada en la estética rompe con la intimidad de la muerte de la mujer de Benavides. Por otro lado, se trata el tema de la culpa en Benavides, que quiere aliviar ese peso con la ayuda del doctor Corrales. Sin embargo, ésta abusa de confianza y contribuye a situarlo en el núcleo del disturbio. Este es uno de los mejores relatos del libro –en mi humilde opinión- y me ha recordado muchísimo tanto a Virgilio Piñera en su estilo como al Barbazul de Max Frisch.

En definitiva, El núcleo del disturbio, ya sea por los interesantes temas que trata o por la minuciosa forma en la que las historias están escritas, constituye un más que recomendable libro de cuentos. 






jueves, 10 de agosto de 2017

La muerte de la Pitia, de Friedrich Dürrenmatt



Tusquets reunió hace unos años algunos de los relatos más conocidos de Friedrich Dürrenmatt en una antología titulada La muerte de la Pitia, la cual se compone de:
  • El perro (1951)
  • El túnel (1952; aunque la que se traduce aquí es la versión final de 1978)
  • La avería (1955)
  • La caída (1971)
  • La muerte de la Pitia (1976)
Hablemos de cada uno de ellos por separado antes de dar una visión de conjunto.

En primer lugar, El perro es un relato con bastante magia en el que un escéptico persigue a un predicador religioso -de estos que van con las barbas por los suelos y creen que vienen los marcianos a salvarnos- hasta su casa, donde conoce a su hija y, sin venir mucho a cuento, se convierten en amantes. El viejo cree haber sido llamado por una voz celestial para la predicación y después de haber abandonado su vida pasada llena de éxitos se habría topado con un perro de carácter agresivo que se habría convertido en su mascota, siguiéndolo a todas partes. La hija tratará de convencer a su deslucido amante para que mate al perro. 

A este relato le sigue El túnel, en el que se narra un suceso de corte kafkiana. Un joven que toma siempre el mismo tren se percata de que en esta ocasión el vehículo tarda demasiado en abandonar un túnel. Esto le hace darse cuenta de que algo no anda como debería y que hay que sacar de allí el tren cuanto antes. 

El tercero de los relatos (La avería) parte de una avería literal mecánica que hace que Alfredo Traps tenga que pasar la noche en casa de un juez jubilado en un pequeño poblado suizo. Por casualidades del destino el ex-juez había invitado a cenar a sus amigos, retirados también como él. Juntos le proponen a Traps revivir un juicio a modo de juego teniéndole a él como acusado, lo que acabará sacando a la luz todos sus trapos sucios. Es el único de los relatos en el que Dürrenmatt utiliza estrategias sacadas de la novela policíaca.

Por otro lado, La caída es un relato más bien político y satírico, en el que se narra la última reunión llevada a cabo en el seno de un partido comunista ubicado en el poder al más puro estilo soviético. Me ha encantado, como detalle, la impersonalidad y la frialdad en el trato de Dürrenmatt con estos personajes, que se sienten como guiñoles movidos por los resortes del poder y del miedo.

El último relato le da nombre a la antología. La muerte de la Pitia constituye una reelaboración cómica, partiendo siempre desde el respeto, del mito de Edipo Rey, un clásico imprescindible. Nos coloca en el punto de vista de Pániques IX, la pitonisa de Delfos que le cuenta a Edipo cuál será su cruel destino. Lo cierto es que lo hace un poco a voleo, pues ni ella misma cree un ápice en los oráculos, pero lo que dice tendrá consecuencias desastrosas. En mi opinión, es éste el mejor relato, pero cuenta con la cortapisa de que para poder disfrutarlo te es necesario haber leído previamente la tragedia de Sófocles. 

En todos los relatos podemos apreciar en mayor o en menor medida los mismos temas: el miedo, la muerte, la fe y su pérdida, la delgada línea interpretativa que separa el destino de la casualidad, las historias verdaderas como aquellas que nunca terminan de aflorar, el descenso a los infiernos, la mentira,... Si bien algunos son más cómicos y otros más dramáticos la ironía persiste en todos ellos. Del mismo modo Dürrenmatt demuestra aquí un gran dominio de la sutileza, la metáfora y el símbolo. Sin embargo, estos cuentos no se sienten tan poderosos como las novelas que ya hemos reseñado aquí y hay momentos que nos pueden resultar redundantes. De la misma forma algunos acontecimientos pueden parecernos algo forzados, sobre todo en los tres primeros relatos.

Más reseñas de obras de Dürrenmatt en esta esquina: El juez y su verdugo, Griego busca griega, La promesa



martes, 8 de agosto de 2017

La promesa, de Friedrich Dürrenmatt




La historia tras esta novela policíaca de Dürrenmatt es, como mínimo interesante. En 1957 el director de cine polaco-español Ladislao Vajda quería dirigir una película en las montañas suizas que tratara el polémico tema del abuso sexual de menores y no se le ocurrió a nadie mejor para encargar el guión que a Friedrich Dürrenmatt, que en aquel momento ya era uno de los escritores suizos más aclamados a nivel internacional. De esta mutua colaboración de genios apareció una de las joyas más grandes de la cinematografía española: El cebo. No obstante, y tras el éxito del filme, Dürrenmatt decidió, por su cuenta, manipular el guión, centrándose mucho más en el personaje de Matthäi y aportando una ironía que hubiera sido inconcebible para la gran pantalla en aquel momento, pero que bien podría presentar en la literatura al disponer de un público mucho más reducido y ya acostumbrado a cualquier cosa. Los cambios que realiza Dürrenmatt son muy sustanciales, tanto en la forma de ser narrados como en su contenido, y son expuestos frente a lo que sucede en la película como reales. Dürrenmatt  se presenta en La promesa a sí mismo como un narrador en primera persona que tras una conferencia en Zürich conoce a quien habría sido el superior del comisario Matthäi, que le cuenta toda la historia de su subordinado y sugiere diversos retoques -que luego habría seguido el propio escritor- para convertir la narración de los hechos "reales" en una producción de cine. Con esto Dürrenmatt no sólo hace en su novela una crítica de su película, sino que, además, elabora una parodia brillantísima sobre todo el género de la novela policíaca, destacando las enormes distancias que alejan a este tipo de narrativa de las investigaciones policiales reales que se producen en el día a día. Sobre todo, Dürrenmatt pone de relieve como en la vida real el asesino no tiene por qué ser descubierto -y mayoritariamente no lo es casi nunca-, mientras que en la novela policíaca su aparición se vuelve forzosa para reforzar argumentalmente el relato y contentar la intriga del lector. También nos da un aviso sobre cómo los héroes de las películas encuentran muchas veces el éxito -sobre todo los de Hollywood- más por casualidad que por otra cosa, por lo que emularlos en la vida real puede ser tan peligroso como estúpido.

Sin desvelar mucho la trama, haré una pequeña sinopsis de los momentos iniciales de la historia, para aquel que ni se haya visto la película ni se haya leído el libro. El cadáver de una niña es encontrado en un pueblo de Suiza Oriental y un grupo de agentes se presentan en la escena del crimen. Todas las sospechas del homicidio apuntan al buhonero que habría descubierto el cadáver, por diversos antecedentes de abuso de menores y porque vendía navajas de afeitar similares a la que se habría utilizado en el atentado, pero el comisario Matthäi tiene la certeza de que es inocente, aunque sólo se lo indique su intuición de sabueso, por lo que le promete al acusado su protección. Como nadie se atreve a darle a los padres de la niña la noticia de la muerte de la misma, Matthäi decide encargarse él mismo, prometiéndole a la madre de la pequeña dar con el culpable. A pesar de que el buhonero confiesa y se suicida, Matthäi sigue buscando, convencido de su inocencia y de que el verdadero asesino sigue ahí afuera. No obstante, cumplir con lo que se promete un poco a la ligera en la vida real es a veces mucho más difícil de lo que uno pueda llegar a esperar.

La novela resulta incluso más impactante y truculenta que la película y habrá momentos en los que al lector se le pongan los bellos de punta. La táctica que empleará Matthäi para dar con el asesino es como mínimo arriesgada y estúpida y para llevarla a cabo tendrá que mentir y poner en peligro las vidas de otras personas; aunque su fin -proteger a los niños de su país- sea muy positivo, las medidas tomadas no dejan de constituir una locura injustificable. De nuevo, vemos desplegadas las mejores herramientas literarias de Dürrenmatt, que son: su buena distribución de la información y como los personajes se ocultan datos vitales entre ellos, la sutileza con las que se tratan temas delicados y la ironía bien trabajada, que en ocasiones muestra incluso ligeras pinceladas de humor. Del mismo modo se tocan temas recurrentes en él como: la obsesión, la fe y su pérdida, la subida/caída de diversos personajes dentro de la jerarquía socioeconómica, el tabaco -sí, por algún motivo los personajes del suizo aparecen fumando cada vez que pueden-, la crudeza de lo verdadero frente a lo ideal y la incapacidad de afrontarlo,... En definitiva, una gran parodia de la novela policíaca, perfectamente hilada y que no dejará a nadie indiferente.

Tenéis más reseñas de La promesa en Leer sin prisa  (un tanto superficial) y en Solo novela negra (donde no sólo se resume la novela entera, sino que también aporta algún que otro dato erróneo).

Más reseñas de obras de Dürrenmatt en esta esquina: El juez y su verdugo, Griego busca griega.



viernes, 4 de agosto de 2017

Griego busca griega, de Friedrich Dürrenmatt




Arnolph Arquíloco es un subcontable más en el profundo océano de los contables de Petit-Paysan S.A., una compañía que fabrica desde abrelatas hasta cañones atómicos. A pesar de trabajar para una empresa mercenaria, Arquíloco es un hombre de una moral inquebrantable, por lo que ni fuma, ni bebe, ni come carne como el buen miembro de los neopresbiterianos de los primitivos cristianos que es. Cree que todo el mundo es bueno por naturaleza, aunque haya quien aún no ha encontrado su camino -como es el caso de su hermano Bibi, un criminal con todas las de la ley-. Por eso Arquíloco se deja guiar por modelos que él mismo establece en lo que llama su particular ordenación moral del mundo, ocupada en un primer y segundo puesto por su presidente y su obispo. Sin embargo, este tipo de vida es monótona y solitaria, por lo que su camarera habitual le recomienda buscarse una novia, sobre todo teniendo en cuenta que con su pulcritud Arquíloco no ha "estado" nunca con una mujer. De esta forma, Arnolph coloca el famoso anuncio en un periódico local. Arquíloco ha tenido antepasados griegos y, aunque nunca ha pisado suelo heleno, se siente más griego que nadie, por lo que busca a una chica que se vea en la misma situación. El anuncio será contestado por una bellísima mujer llamada Chloé Saloniké. A partir de este momento Arquíloco no dejará de tener una exagerada racha de buena suerte.

Dürrenmatt nos presenta una novela satírica con un fuerte componente de crítica social, religiosa, ética y política, donde aparecen personajes caricaturizados que se sienten, para sorpresa del lector, como muy reales. La moral y la pérdida de la fe son elementos centrales en una novela en la que Arquíloco va descubriendo cómo son realmente sus modelos morales y tras cuántos kilos de hipocresía se esconden para contentar a las masas, cometiendo a espaldas de estas incluso algún que otro acto no ya reprochable, sino a veces abusivo y hasta delictivo. Petit-Paysan se declara un filántropo, pero no declina fabricar armamento nuclear si hacerlo le reporta beneficio económico. El obispo Moser predica la abstinencia y advierte de las tentaciones de la carne, pero luego es el primero en irse de putas. El presidente aprueba leyes y medidas anti-alcohólicas, pero en su casa no duda en descorcharse las botellas de vino que haga falta. Y así un largo etcétera de personajes que irán apareciendo en las páginas de Griego busca griega

Al igual que en El juez y su verdugo Dürrenmatt nos ofrece una visión inicial mínima de los personajes, donde todos -incluído el protagonista y aunque él no lo sepa- se ocultan datos los unos a los otros. Esto da lugar a que al principio los acontecimientos nos puedan llegar a parecer una locura descontrolada, en el sentido más humorístico que podamos otorgarle, aunque luego, sin dejar de lado este humor, va cogiendo forma magistralmente. Dürrenmatt juega mucho con la sutileza, la ironía y, especialmente en esta novela, con lo carnavalesco, pues la jerarquía social de los personajes se ve alterada profundamente y como de la noche a la mañana, lo que los deja -y a nosotros también como lectores- en una sensación de vértigo, al no sentir los pies fijos al suelo. 

Como dato interesante hay que decir que, aunque la novela no se desarrolla en Grecia, hay muchos elementos que pretenden de manera sutil asociarla con la cultura de dicho país. En primer lugar, se construye su protagonista como un héroe que es ayudado por los dioses (los modelos morales de Arquíloco), quienes saben que el destino que le espera a su protegido es terrible. Otro detalle es que dentro de la propia novela hay un momento de anagnórisis que recuerda a la escena en la que Edipo en el Edipo Rey de Sófocles se arranca los ojos. También hay un panteón, al menos para Arquíloco, donde los modelos/dioses, al igual que en la mitología grecolatina, son poderosos, aunque imperfectos, pues pueden coexistir en ellos las pasiones más bajas con las más nobles aptitudes.

En definitiva, una novela que me ha gustado bastante más que la anterior que leí de Dürrenmatt y a la que creo que se le puede sacar más chicha. La veo más original, fresca y agradable de leer. Comparte con El juez y su verdugo muchos de sus temas, aunque creo que el enfoque humorístico le proporciona mucha más fuerza en este caso. 


domingo, 30 de julio de 2017

El juez y su verdugo, de Friedrich Dürrenmatt





El cuerpo del agente Schmied es encontrado con una bala en la cabeza dentro de su coche en una pequeña carretera suiza de montaña, cerca de la capital Berna, pero no por ello demasiado transitada. Dos agentes de la ley, el comisario Bärlach, viejo y astuto depredador de criminales a punto de jubilarse, y el primer subordinado de Schmied, un inexperto joven apellidado Tschanz, son los encargados de buscar al asesino, una vez se descarta el suicidio del pobre hombre. Como ni Bärlach ni Tschanz confía en los medios del otro, cada uno emprende una suerte de investigación por separado, en la cual sólo se comparte información en contadas ocasiones. Bärlach parece moverse con su intuición de sabueso y comienza tratando el caso con un aparente desinterés, mientras que Tschanz parece sentirse dolorido por la pérdida de su superior y se mueve metódicamente, cotejando datos una y otra vez, en una obsesión poco sana por encontrar un culpable. Pronto descubrimos que las pistas los llevan hacia un tal Gastmann, antiguo conocido de Bärlach, un hombre muy peligroso, que sólo actúa hacia el mal por el mal y que el comisario lleva intentando encarcelar casi veinte años. Esta será su última oportunidad para echarle el guante, ya que Bärlach padece un tipo de enfermedad que lo llevará a la tumba en menos de un año según los partes médicos. 

Cómo no, se produce un cara a cara entre las figuras del bien y las del mal. Sin embargo, El juez y su verdugo no es tan simple como eso y en las pocas páginas de las que dispone nos muestra que todo depende del prisma desde el cual observemos el asunto. La maldad y la bondad son relativas y esta relatividad queda aplicada a todos los personajes, incluidos los que a priori pueden parecer los héroes. Esto se debe a que los personajes no funcionan como meras alegorías, sino que intentan parecer de carne y hueso; se nos presentan con sus inquietudes, sueños y miedos, lo que constituye un punto a su favor muy importante, ya que en un género como es el de la novela policíaca los personajes suelen presentarse tipificados en exceso, una pega que, sin duda, se debe a la sobreexplotación de un género que nunca ha dejado de ser extremadamente comercial. 

Como en toda buena novela policíaca, en El juez y su verdugo hay un importante manejo de la intriga que se consigue dosificando la información en toda una escala de montaña de giros argumentales, magistralmente dispuestos en este caso. Aquí Dürrenmatt nos da una clase magistral del uso del ocultamiento, la sutileza y la ironía. 

No soy un gran fan del género. Apenas he leído diez o doce novelas policíacas o de investigación, pero sé que no me gusta lo fácil y ciertamente El juez y su verdugo no lo es. Cuenta con una profundidad filosófica de peso. Me ha convencido mucho la forma de escribir de Dürrenmatt y creo que a día de hoy aún se puede aprender bastante de él, por lo que será muy posible que en las próximas semanas encontréis más reseñas de sus obras en esta Esquina. Un saludo. 

He encontrado una reseña muy lejana en el tiempo de alguien que -todo hay que reconocerlo- parecía estar más inspirado que yo. Ya que no hay nada sobre la novelita en mi blogosfera habitual le dejo esta otra opinión de Álvaro Quintana










jueves, 20 de julio de 2017

La defensa, de Vladimir Nabokov






La defensa es la tercera novela publicada por Vladimir Nabokov en ruso cuando aún tenía poco menos de treinta años. En ella se aprecia la calidad formal y la precisión en el detalle descriptivo, así como la increíble capacidad de abstracción que luego le acompañaría en el resto de su vida. He aquí pues el germen de una literatura sumamente personal y trabajada hasta la extenuación como es la de Nabokov. Si bien el ruso es famoso por sus novelas llenas de carga erótica, aquí hay una ausencia por completo de dicho elemento y una focalización mayor en lo referente a dilemas existenciales, donde se trabaja genialmente el tema de los deseos reprimidos y de la necesidad de ser feliz en sociedad, lo que a veces, y en el caso del protagonista de esta novela especialmente, choca con la voluntad y la felicidad parcial que se haya en uno mismo. Este enfrentamiento no puede más que llevar a un fin trágico, donde se termina por asumir que la unión total de lo personal y lo socialmente correcto es, por completo, imposible de resolver en una vida y que si se resuelve, el período de estabilidad no es más que parcial y lo suficientemente efímero como para sentir que el dilema no queda superado del todo. En esta obra podemos apreciar también la atracción casi enfermiza del propio Nabokov por el ajedrez y por la literatura.

Luzhin es un chico de San Petersburgo con un don increíble para el ajedrez, juego y arte en el que descarga un alivio frente a un mundo que se le presenta hiriente e incomprensible, del que siente la necesidad imperiosa de escapar a toda costa. De hecho toda su vida, que se reflejará en este libro no es más que la búsqueda –primero en el ajedrez y luego en el amor- de otra atmósfera que le permita ser mínimamente feliz. Esta huida es, por supuesto, un tópico literario más, pero el enfoque en el mundo del ajedrez le aporta una esencia fría y matemática, alejada de toda pasión. Luzhin, tras lucirse como niño prodigio se convertirá en todo un gran maestro del ajedrez, acechante en todo momento del título y del reconocimiento como campeón mundial de su disciplina. El continuo esfuerzo lo llevará a agotarse mentalmente y una parte de él intentará rescatar los despojos de una pasión no vivida cuando conoce a una chica –que a diferencia de Luzhin, sí que se enamorará verdaderamente de él- con la que se acabará casando. A partir de este punto la lucha dentro de Luzhin entre los dos deseos –la explicación de su existencia a través del ajedrez y la experimentación tardía de un primer amor ante el cual no sabe cómo reaccionar- estará presente hasta la conclusión de la novela. 

Quizás uno de los puntos a comentar es el fuerte contraste entre Luzhin y su señora, que destaca aquí por ser un personaje muy humano y lleno de fuerza, frente al gélido comportamiento robótico del maestro, con una visión de su propia vida en base a múltiples elementos y con una voluntad de amar que desencadena en un temor a perder lo que tiene y por lo que ha luchado. La verdad es que la señora Luzhin le aporta algo de jugo a la obra, ya que con Luzhin es verdaderamente difícil empatizar por su encerramiento psicológico en sí mismo y sus acciones que parecen ejecutadas por una persona con graves problemas para relacionarse y controlar sus emociones. En Luzhin vemos como se desarrolla un problema existencial de búsqueda de uno mismo y de defensa ante lo que le hace daño que resulta ciertamente muy interesante y que puede servirnos para entendernos mejor a nosotros mismos. No obstante, no es en sí mismo un personaje en absoluto carismático, a diferencia de su esposa.

Los personajes que rondan la obra, contando al mismo Luzhin, son en su esencia muy rusos. Tenemos la figura del escritor emigrante en el padre del maestro que, sabiendo las carencias que posee en su campo, se limita a vivir en la literatura de forma lateral, sin aspirar nunca a convertirse en un segundo Tolstoi, publicando sólo literatura infantil. Por otro lado están los padres de la señora Luzhin, antiguos aristócratas rusos que han tenido que emigrar tras la revolución comunista y que encuentran en el trabajo de su yerno una labor deshonrosa que debe abandonar cuanto antes para que el matrimonio con su hija sea posible. En la madre es, sobre todo, en quien más se pueden apreciar los hábitos de la antigua aristocracia rusa, donde el mundo de la opulencia, de la educación y de la etiqueta están más que presentes. Las ideas de este matrimonio, que ya han sido inculcadas en la señora Luzhin antes que el ajedrecista la conozca, chocan con el discurso de alabanza de la URSS que recae en el personaje secundario de la amiga de la tía de Luzhin, que en un determinado momento aparece para visitar a los recién casados. Nabovok intenta generar con esto un relato polifónico que reflejase las auténticas preocupaciones en la Rusia del momento, vista, por supuesto, desde fuera como él la tuvo que ver. Todo es infinitamente ruso: la ceremonia del té, la preocupación política, los grandes clásicos del realismo que cimientan el nacionalismo ruso frente al gobierno de los soviets, el ajedrez como deporte nacional, la frialdad en el carácter y la infinita cortesía con la que se tratan los personajes hasta en los momentos más desagradables, etc.

Se puede decir que La defensa dista mucho de ser la mejor novela de Nabokov, pero bien podría ser una mejor novela de cualquier otro autor. Las cuestiones que plantean son sumamente interesantes y la expresión textual es de una calidad y de una minuciosidad brillante. Sin embargo, la poca carisma de Luzhin hace que cueste quizás demasiado para el lector ponerse en su piel y se echa de menos también una capacidad de desarrollo más compleja, que sí que puede llegar a apreciarse en muchas de sus obras posteriores.

Es un libro que hay trabajado mucho Javier Avilés, por lo que en El Lamento de Portnoy podréis encontrar una pila de apuntes sobre él (I y II). Del mismo modo, en Das Bücherregal también hay una reseña algo más sucinta, pero no por ello menos interesante.